La comunidad internacional observa con preocupación el impacto del terremoto que afectó a numerosas ciudades y poblados en el oeste de Colombia, incluyendo a ciudades importantes como Cali, Quibdo y Pereira. Con aproximadamente 1,600 edificaciones dañadas o colapsadas, los socorristas trabajan arduamente para rescatar a las personas atrapadas bajo los escombros.
El presidente de Colombia, de la Espriella, recién asumido en el cargo, enfrenta su primera gran prueba de gestión al movilizar un despliegue masivo de fuerzas militares y de policía para asistir en las tareas de rescate en la región de Choco, una zona golpeada por el conflicto y la pobreza. Anunció además subsidios de vivienda para las personas afectadas mientras sus hogares son reparados.
Mientras tanto, las familias de los desaparecidos, como el caso de Dana Carolina Zamora, quien busca a su tío desaparecido cerca del epicentro del terremoto, lidian con la incertidumbre y el temor. En este contexto de tragedia, el apoyo internacional ha comenzado a fluir, con Estados Unidos prometiendo $15.5 millones en ayuda humanitaria.
El Gobierno colombiano y los equipos de rescate continúan trabajando para atender a los heridos y brindar refugio a los desplazados, mientras la nación comienza a enfrentar las repercusiones a largo plazo del desastroso terremoto.
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