En La Habana, el uso de azoteas y portales como refugio ante los apagones refleja la desesperación de los cubanos por descansar en medio de un clima agobiante sin electricidad. Alexis Miján, un exprofesor de Sociología, afirma que él y su hijo, quien es ciego, han debido adaptarse a dormir en el techo de su edificio debido a la intensificación de los cortes de electricidad. Los apagones en Cuba son una consecuencia de la profunda crisis energética que enfrenta la isla, derivada de la ineficiencia y el deterioro de su infraestructura eléctrica, que lleva años sin recibir las inversiones necesarias para su modernización.
Esta situación ha empeorado la calidad de vida de los cubanos, quienes ya lidian con problemas económicos significativos. Las restricciones en el suministro eléctrico no solo dificultan la vida cotidiana, sino que también exacerban la frustración de una población cansada de las promesas incumplidas del régimen cubano. Si bien se han anunciado medidas para intentar paliar la situación, como el mantenimiento de algunas plantas generadoras, la realidad es que los apagones continúan y la población busca alternativas para sortearlos, aunque sea temporalmente.
El régimen cubano ha atribuido en ocasiones estos problemas a factores externos, como el embargo de Estados Unidos, pero esta narrativa no refleja por completo la falta de reformas estructurales necesarias para asegurar un suministro eléctrico estable y eficiente. Mientras tanto, escenas como las que se viven en La Habana son cada vez más comunes, dejando ver la realidad de un país donde dormir tranquilo se ha convertido en un lujo para muchos.


