Desde la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, el régimen cubano ha sido una fuente de preocupación para Estados Unidos debido a sus posturas políticas y su influencia en la región. Las sanciones impuestas recientemente forman parte de una política de larga data que busca limitar el acceso del régimen a recursos que podrían fortalecer su capacidad de mantener el control sobre la población y apoyar a regímenes aliados. Según declaraciones del Departamento de Estado, estas medidas también están destinadas a mostrar solidaridad con el pueblo cubano que anhela un cambio hacia la democracia y el respeto por los derechos humanos. El régimen, en tanto, ha rechazado las sanciones calificándolas de una interferencia externa en sus asuntos internos.
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