La situación eléctrica en Cuba continúa deteriorándose, provocando frecuentes cortes de energía que afectan a la población. Ante este desafío, el régimen cubano ha decidido implementar tecnologías de inteligencia artificial para optimizar la gestión de los apagones, aunque no necesariamente para reducirlos. Esta iniciativa llega en un momento crítico, ya que el sector eléctrico cubano enfrenta serios problemas de infraestructura y falta de recursos.
Paralelamente, el régimen ha recibido apoyo de China en forma de 5.000 sistemas fotovoltaicos, en un intento por paliar parcialmente la crisis energética que vive la Isla. Sin embargo, estas medidas no solucionan la raíz del problema, ni atajan las dificultades económicas y políticas que enfrenta el país. Al aplicar tecnología avanzada como la inteligencia artificial sin acompañarla de soluciones estructurales y políticas de apertura económica real, el régimen cubano busca mantener un control estricto sobre el sistema, sin ofrecer garantías de mejoras sustanciales a los ciudadanos.
La introducción de estas herramientas tecnológicas se enmarca en un contexto económico complicado, donde cualquier entrada de recursos podría fortalecer al régimen sin necesariamente beneficiar al pueblo cubano. La falta de libertades políticas y de una economía abierta y transparente limita las verdaderas posibilidades de desarrollo en la Isla.
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